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domingo, 18 de octubre de 2015

Mientras él se duchaba yo seguía descansando en la cama, leyendo pavadas, mirando fotos en mi celular, sin ganas de levantarme.
Entré en el último posteo de Nirrimi y leí el extenso relato de su actual historia de amor.

Leí conciente de los tantos miles de lectores que también se enfrentan a sus vivencias, y fui conciente también, de su juicio. Y así, de la valentía de Nirrimi al describir, que aunque no haya explicación, sí, ella sabe que encontró el amor, en un solo día.

Madre soltera, joven e ingenua, no le importa para nada estar bajo la lupa de muchísimas personas que a causa de su propio aburrimiento, optarán por criticarla.
En cambio, sus palabras se centran en esa sensación intensa y espontánea de haber encontrado en cuestión de horas, alguien que le avivó el corazón.

Me arrepiento. ahora, de no haber sido transparente, abierta y generosa con lo externo, (sea lo que eso sea) de no haber dicho, escrito, dibujado o grabado el hecho de que, ayer no lo estaba, pero hoy, estoy enamorada.
Sí así de rápido como no se supone que pasa, así de rápido como le pasó a Nirrimi, así de un día para el otro, alguien que yo no esperaba, me robó todas esas ideas de libertad, de que yo soy solo yo, y me convirtió en alguien más. O en algo más.

No le temo a la simbiosis ahora. No le escapo a los conceptos del amor. No intelectualizo ni minimizo el extrañarlo todos los minutos de todos mis días teniéndolo o no cerca, porque aunque la presencia sea material e innegable, tangible y evidente, tendría que desmaterializarme, volverme aire y entrar en él, para sentir que le doy todo lo que quiero ofrecer. Tal vez ni así.
Me arrepiento ahora, de no haber dicho las palabras que esos ojos reclamaban, esa noche, la primera noche que callé lo más intenso, por un, débil pero presente, temor a mí misma.

Salió del baño con la toalla en la cintura y me miró mientras yo leía, con el cepillo de dientes dentro de la boca, tratando de comunicarse con sonidos inentendibles. Levanté la vista del valiente relato de Nirrimi, habiéndome detenido en una porción literal de su diario “I want a lifetime of sleepless nights with you. Yesterday you were a stranger, tonight you were my world.”
Lo miré, pero lo observé, lo desarmé con los ojos y lo ensamblé enterito de nuevo en este mundo de lo real. La luz del baño caía sobre su espalda húmeda, una luz de tungsteno, luz de tungsteno retratada con película para día. Le dije que lo amo, (todavía decirlo en español me suena pesado dentro de la cabeza, en Ingles es mucho más simple, literalmente menos difícil, expresarlo) y me contestó con una media sonrisa que movió el cepillo de dientes hacia un costado de su cara, e hizo un sonido abstracto, que no debía por qué entenderse, sino debía hacerme reír, y con las manos dibujó un corazón enorme en el aire y agregó un sonido, que solo en cantidad de sílabas fue igual a "with all my heart".

No seguí leyendo, pero seguí arrepintiéndome. Cada segundo, cada uno de sus movimientos me parecían dignos de inmortalizar.
Y así el amor y la vida al arte se traslada a la vida dedicada al amor, de la única forma que sé hacerlo. Porque si hay un espacio para alguien en mi arte, entonces lo hay en mi vida. Y al revés.

Se sentó a mi lado y cerró los ojos. Comenzaba a sonar una canción que ama. 
-Te voy a escuchar cantar ahora?- le pregunté
-Pero solo sé la letra del estribillo- me dijo mirándome de cerca, compungido, como si supiera que si decía que no, yo iba a estar muy desilucionada. 
Entonces el estribillo llegó: "Hey, come on try a little / Nothing is forever / There's got to be something better than in the middle / But me & Cinderella / We put it all together / We can drive it home / With one headlight".
Ahora la luz de la mañana le hacía brillar los ojos, chinos, de un color ámbar líquido. Yo lloré bajo el sol, acostada en su cama. A veces siento que tiene una pasión contenida, y otras veces, esa fuerza interna, bondadosa y lumínica sale hacia afuera, por ejemplo, cuando canta una canción que adora.

Debía encontrarme con Naida a las 10:30 de la mañana. Las 10:30 se hicieron las 11, por letargo, y después hacer el amor, entonces las 12. Y le expliqué a Naida que no quería levantarme de la cama todavía, que la veía a las 12 y media. Y entonces el colectivo tardó mucho, y yo llegué a la 1.
Con justa razón esparaba encontrar a una Naida enojada, frustrada por mis múltiples portergaciones, pero en cambio, me sacudió haciendo ruidos de monstruo cuando apareció de golpe detrás mío entre la muchedumbre que recorría la estación de Brixton. Me abrazó tan contenta de verme que casi lloro del miedo contenido que tenía a su enojo, y me dijo que primero quería invitarme un café.

Caminamos por las calles coloridas de Brixton, mientras Naida me mostraba los distintos negocios y mercados pop-up que se habían instalado durante el verano debido al abrupto crecimiento de la zona. 
El día era un hermoso balance entre, a nuestra izquierda, una tormenta latente se contenía en una masa gris de nubes, y a nuestra derecha, el sol radiante colándose entre las hojas naranjas que ya poblaban de otoño los árboles. Olía a primavera y a pescado fresco. A café y a feria americana. A comida india y a lluvia seca. 
Nos sentamos en un pequeño café que cumple con los requisitos de Naida: Moderno casi minimalista, sofisticado, con luz blanca ideal para trabajar, tentador para usuario de laptops (mac sobre todo), granos de café importados de algún país tropical, y precios que no bajan de los ridículos £3 por un vaso de vidrio chiquito donde está de moda servir el "latte".
Yo no se cómo hace pero Naida encuentra uno de éstos en cada barrio de Londres. Y a todos, me ha llevado. Y en cada uno se comporta como si hubiera encontrado un lugar nuevo, diferente, especial, que Sofi debía conocer...
Entonces nos tomamos cada una un latte en vasito de vidrio con azúcar morena, porque la blanca, refinada, no es cool (ni sana, dícen) y hablamos del amor, y de Patti Smith y de todo lo demás que uno siempre habla con amigos (trabajo, falta de trabajo, plata, falta de plata, cuarto, falta de cuarto... o son éstos los tópicos de los amigos que viven en Londres nada más?).

Naida se tiene que mudar y quería que yo conociera su casa antes de que dejara de vivir ahí.
Hoy nos reunía un pequeño proyecto en el que está trabajando, recreando unas escenas del libro Just Kids para hacérselo llegar a Patti y, su meta es, evitar que la elijan a Kristen Stuart para el papel principal en la serie de tv basada en el libro, que está a punto de entrar en producción. 

Brixton brillaba. Con ese brillo que distinguía a Stoke Newington tal vez un par de años atrás, donde solo sus locales conocían su verdadero valor, y los externos renegaban de una superficial hostilidad, y tal vez, mala reputación. Acá las puertas de cada casa victoriana están pintadas de colores vivos, y aunque la arquitectura se repite en toda la ciudad, nada tiene de parecido a Hackney, Camden, o Wood Green. No. Brixton tiene alma. Un alma propia. Brixton tiene un sol propio. O será el día que me tocó?
No se, pero yo mientras caminaba, deseaba haber cargado mi Hasselblad más temprano, y poder estrenarla ahora, con este sol y estos murales de las calles de Brixton y la esquina de los poetas y Naida, dueña absoluta y despreocupada, de este mundo que se me ofrecía en una día otoñal perfecto.

-continuará-

necesito dormir


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